El oído humano es un órgano complejo, capaz de recoger, amplificar y transmitir la señal de audio hasta el cerebro. Siguiendo el camino de la onda de sonido, la vibración entra por la parte externa del oído, el pabellón auditivo, encargado de recoger y orientar el sonido hacia el interior a través del conducto o canal auditivo, que amplifica los sonidos de nivel bajo y protege de los de nivel alto produciendo cerumen.

Al final del conducto auditivo empieza el oído medio. El tímpano es una membrana que vibra y está en contacto con una cadena de huesecillos (martillo, yunque y estribo). La trompa de Eustaquio es el órgano encargado de igualar la presión ambiental con la del oído medio y se nota su función, por ejemplo, debajo del agua o en viajes en avión, cuando la presión atmosférica cambia con más rapidez.
La cadena de huesecillos son un transductor acústico-mecánico, responsable de mover el líquido del interior de la cóclea (o caracol), un órgano en forma de espiral ya en el oído interno. El movimiento de este líquido produce una onda en una membrana, la membrana basilar, donde se apoya el órgano de Corti, formado por miles de células receptoras (unas 24.000). En función de la onda formada en la membrana basilar se excitarán más o menos células, que al estar conectadas a las neuronas transmiten la información al cerebro. Estas células no se regeneran; sonidos muy elevados, lesiones, la edad… provocan la muerte de algunas de ellas y la consiguiente pérdida de audición.
Enmascaramiento
La fisiología del oido y el procesado que realiza el cerebro de la señal de audio explican el fenómeno del enmascaramiento.
El enmascaramiento temporal se produce cuando se reciben dos sonidos, uno de amplitud más elevada, cercanos en el tiempo. El sonido de menor amplitud puede llegar a ser inaudible.
El enmascaramiento frecuencial se produce al recibir simultáneamente dos sonidos de frecuencias diferentes. Normalmente se produce una disminución de sonoridad entorno la frecuencia más alta.
El fenómeno es importante en acústica. Influye, por ejemplo, en la manera de diseñar algunos codificadores de audio (que eliminan la información que sería enmascarada), o en la configuración y ajuste de sistemas de megafonía que deberán procurar relaciones señal-ruido y ecualizaciones de la señal que garanticen la inteligibilidad final.

